Ninguna foto les hará justicia. No importa si los ves en la televisión. Si quieres pasar dos horas feliz de la vida, con la boca abierta y los huevos de corbata, tienes que sentarte a menos de veinte metros de estos chinos voladores.

Y olvídate de la lenta y denigrante atención en las boleterías TodoTicket de Ripley; de los estúpidos padres atiborrados de niños que probablemente se hubieran divertido más jugando Playstation; de que tus asientos tendrán que ser los ridículamente denominados “VIP” o “Platinum“. Olvídate de esa enfermedad capitalina que -en todo espectáculo de nuestra ciudad- impide vibrar, gritar y aplaudir de verdad a quienes se sientan más adelante.

(O sea: olvídate de Lima).

Anda a ver a estos chinos. Vuelan y hacen volar.